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Alma ronera de Cuba

“Le he dedicado mi vida al ron cubano”, así resume el Primer Maestro del Ron Cubano Juan Carlos González su relación con uno de los productos identitarios de la cultura cubana y del cual es artífice desde hace más de 40 años.

“Se es maestro ronero en todo momento de la vida, en tu casa, en el barrio, en la fábrica, en el extranjero, o donde quiera que estés” y la dedicación con que cuenta sobre sus responsabilidades desborda la pasión de quien vive para crear sueños.

Empecé en noviembre de 1976 y he trabajado de manera ininterrumpida en esta fábrica, comenta al referirse a la Ronera de Santa Cruz, casa productora del Havana Club Añejo 3 Años.

Comenta detalladamente cuánta responsabilidad encierra ser juez y parte en uno de los procesos creativos más asombrosos que se dan solo en Cuba.

Porque el ron se produce en muchos lugares del mundo, pero a la manera de la Isla… ¡eso es otra cosa!

Y no es tarea fácil. Más allá de los vastos conocimientos científicos necesarios para elaborar un espirituoso, el Maestro Juan Carlos, como todos le llaman, hace gala de un arte muy singular: concebir la personalidad única de cada gama de ron que se le encomienda.

“Estás trabajando con percepciones sensoriales que van más allá de la especificaciones físico-químicas o parámetros tecnológicos. El maestro debe conocer los perfiles sensoriales de todo lo que hay dentro de su fábrica, desde el aguardiente hasta las bases añejas más complejas y saber cómo mover todo eso para lograr determinado resultado, eso no hay software ni equipo científico que lo diga: ese es el arte del Maestro”.

Junto a siete colegas más, él pertenece al movimiento de Maestros del Ron Cubano que enorgullece al país y forma parte de su patrimonio. Una riqueza invaluable, en manos de hombres excepcionales, razón por la cual el saber hacer de estos profesionales fue declarado Patrimonio Cultural de la Nación1, y merece reconocimiento universal.

Como explica el entrevistado la condición de Maestro del Ron Cubano implica una elevada responsabilidad, primero en el orden productivo y económico. Havana Club es la primera marca de exportación de esa rama, por lo que tienen el compromiso de mantener la calidad y el desarrollo de nuevos productos que el mercado demanda.

También hay un alto compromiso moral. Somos depositarios de una herencia cultural que ha sido transmitida a lo largo de generaciones –afirma Juan Carlos González-y corresponde entonces cuidarla, desarrollarla y transmitirla, así como seguir enriqueciendo esa tradición ronera. “Si no fuera así no fuera una cultura viva, tiene mucha historia, tiene mucho pasado, mucho presente, y va a tener un mejor futuro”.

Pero en su caso la responsabilidad es aún mayor: “Un Primer Maestro tiene la condición particular de ser la máxima expresión de un Maestro del ron cubano, por tanto, es ser ejemplo, el espejo en el que el resto de los maestros y aspirantes pueden reflejar el futuro de su condición”.

Profesional dedicado, exigente consigo mismo y con los aspirantes a esa condición, este Doctor en Ciencias cuenta con numerosos reconocimientos y logros, entre ellos el de haber sido una de los iniciadores de la evaluación sensorial en la industria ronera cubana. Es uno de los autores del procedimiento que se emplea en el país actualmente, una manera uniforme de evaluar las características organolépticas del producto a fin de corregir sus defectos.

Además, es el presidente del Comité Técnico de Normalización del país para bebidas alcohólicas.

En la fábrica define cómo se va a hacer el ron, las mezclas que se van a usar, la disponibilidad en bodega, colabora con el análisis de la calidad, combina las tareas de producción con la atención a distintas visitas, entre otras actividades fuera de la fábrica. “No hay un día que se parezca a otro”, asegura.

Uno de los productos que más ha marcado su trayectoria es el Havana Club Añejo 3 Años. “Con él aprendí a hacer ron y a lo largo de estos 43 años lo he mimado, lo he cuidado, me ha hecho sufrir”. Lo califica como a un hijo al que no puede dejar de la mano, merecedor de un cariño especial.

Enseñar es también prioridad y pasión. “El maestro no te sienta en un aula y te da clases sino trabaja contigo, te da tareas, las discute contigo y te va enseñando a enfrentar los problemas, las situaciones, se colegian las soluciones y en ese intercambio casi imperceptible es que ese aspirante a Maestro Ronero va entrando en las interioridades de la cultura ronera cubana, que se ha complejizado con el paso de los años. Eso no se puede explicar en un aula, tiene que ser a pie de obra”.

Ante la pregunta ¿Qué ritual sigue el Maestro Juan Carlos a la hora de crear un ron? llega la confesión: “Primero me imagino su olor y su sabor”, perfil que le sirve de orientación; después elige las bases que puedan servir de las que hay en la bodega de acuerdo al tipo de producto a desarrollar.

Se trata de un proceso largo y complejo. “Se sufre mucho porque la imaginación es muy rica y cuesta trabajo lograr lo que imaginaste”, afirma.

Luego nos cuenta otro detalle: la fase que más disfruta es el añejamiento, “la relación que establece el barril con el líquido que está allá adentro, es el encargado de transformar las propiedades sensoriales, ahí es donde está la mística”.

Pero la mayor satisfacción de este Primer Maestro es trabajar para su pueblo, “para que el ron cubano se engrandezca, para que la gente se sienta bien y sepan que como país somos capaces de hacer cosas buenas”.

De manera que el ron y Juan Carlos, son uno desde hace mucho tiempo y así lo confirma: “El ron cubano me ha dado enormes satisfacciones: me ha permitido recorrer el mundo, conocer gente maravillosa. No puedo desligar el ron cubano ni a Havana Club de mi vida y espero seguir así hasta que las fuerzas me lo permitan.

1 La Resolución No. 9 /2016, dada en La Habana, el 14 de marzo del 2016 declara Patrimonio Cultural de la Nación los saberes de los maestros roneros así como los espacios fabriles en los que ocurre el proceso de transmisión de dichos conocimientos.


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Por Eduardo González

23-09-2019 , 03:46

Muchas felicidades a Juan Carlos y todos los maestros roneros por su importante trabajo.

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